Hola amigos, me reporto nuevamente con ustedes desde la comodidad de mi casa ¿Y qué conveniente decir eso no? Justo cuando les compartiré mi opinión acerca de la película «El Hoyo», cinta dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia, un cineasta español que jamás en su vida había hecho un largometraje (hasta el momento solo había hecho cortometrajes) y siendo su primera experiencia logró conseguir algunos reconocimientos importantes; entre ellos El Premio del público en el Festival Internacional de Cine de Toronto.
Buscando información acerca del trabajo de Galder, a él lo definen como un director realista y muy pesimista sobre su percepción futurista, características que se ven reflejadas en sus proyectos y para muestra su película «El hoyo». Esta historia se estrenó en cines el 7 de noviembre del 2019 pero llegó a Netflix hasta el 20 de marzo. Yo me encuentro escribiendo esto el 3 de abril a las 23:08 – porque hasta hoy me hice el tiempo de verla – y aún sigo asimilando algunas cosas.

Desde que la película inicia mostrando las comodidades de la «clase alta», es decir, los finos y pudientes preparando y degustando buena comida en un ambiente elegante mientras una voz nos explica los tres tipos de grupos que existen y de pronto se sitúan en una habitación gris sin chiste; ya con esa entrada tenemos una clara perspectiva de lo que nos quieren ejemplificar. La realidad.
Y es interesante cómo lo manejan porque cuando yo escuché que la película se llamaba «El Hoyo» literalmente me imaginé un hoyo, algo muy profundo pero al ver cómo está diseñado ni siquiera se asemeja a lo que tenía en mente con ese nivel de tecnología 😛 pero me gusta porque el escenario principal es tan básico y sin colores más allá de los reflejos de las luces, y viene siendo como una representación de la ausencia o carencia de algo. Son colores demasiados tristes, miramos gris o beige y no es como que nos pongamos a saltar de la alegría, en parte creo que el director quería representarlo así por cuestión semiótica y también que el ánimo del espectador se viera influenciado. Solo imagínense estar encerrados en una habitación con una persona que no sabes quién es y ni porqué llegó a parar ahí, y encima de eso con carencias ¿inquietante? ¡No los juzgo!

Hablemos de cómo transcurre la película, la mayor parte del tiempo es un diálogo entre dos personas y aunque no es un recurso nuevo porque ya existen películas que se desarrollan así, por ejemplo el caso de «Blue Jay» protagonizada por Sarah Paulson y Mark Duplass (disponible en Netflix) son historias que bien sea por presupuesto o porque el guion está así se reducen a dos. Ahora bien, «El hoyo» no necesariamente cuenta solo con dos actores pero las escenas brincan de dos en dos y es por eso que casi siempre vemos a esa cantidad de actores en pantalla y para algunos eso podría resultar sin gracia: «¡ay! es que no hay acción» «no da miedo» «qué película más aburrida». Wait! Hay acción, lo que pasa es que no sucede como estamos acostumbrados. No da miedo porque la película no es de terror, es de suspenso y eso es muy distinto. Es aburrida -para algunos- considerando el tipo de películas que se consumen a menudo. Pero no podemos negar que «El Hoyo» da una clara y directa crítica social.
¿Se percataron de los elementos que cada «prisionero» decidió entrar al centro? Un cuchillo, un libro de «Don Quijote de la Mancha» y un perro. Esos fueron los elementos visibles para nosotros, seguramente los demás entraron consigo otro tipo de objetos (ahora que recuerdo también había una cuerda, aunque no se sabe si esta persona ingresó con ella) en fin, se supone que los prisioneros tenían derecho de llevar un objeto, el que quisieran; a lo mejor pensar solamente en uno fue complicado pero claramente seleccionaron algo que para ellos significaba mucho. Lo interesante de este planteamiento fue el que entró el libro, habría que preguntarnos por qué precisamente esa obra, una historia bastante larga (lo suficiente para ser leída con calma en un año) se dieron cuenta que a ese personaje su compañero de piso le cuestionó el por qué del libro, habiendo tanto allá afuera. Le hizo ver que con un libro no iba a poder sobrevivir, que en cambio él con su cuchillo estaba preparado para cualquier circunstancia…
Pensemos, esto es una analogía del mundo real. Por ejemplo, la industria del entretenimiento te vende las narco series como una historia más de súper héroes y no solo eso, te romantizan los asesinatos diciéndote que todo tiene justificación porque al final la violencia es «necesaria» para mantenerte en la cima y así ayudar «al prójimo» como todo un buen samaritano. El cuchillo podría ser ese símbolo, la violencia por encima de todo, demostrar que sos el más rudo. Por otro lado el libro, la educación. La sociedad enferma siempre te dirá que estudiar es una pérdida de tiempo; total, podés ganar dinero haciendo «otras cosas» sin necesidad de ir a una universidad. Los de «arriba», los que tienen el poder te quieren ignorante y por eso jamás entenderán el porqué habiendo muchísimas cosas para entrar a un «hoyo» te decidiste ir por el libro.
Básicamente «El Hoyo» es como popularmente diríamos «la ley del más vivo» donde no importa como se la esté pasando el de al lado, importa cómo me la esté pasando yo. Tus buenas intenciones no cuentan, de todos modos a los demás los tiene sin cuidado. Mientras desaprovechás o despilfarrás lo que tenés en frente, a alguien más le gustaría estar en tu posición. Y aunque querás conservarte íntegro y firme a tus valores, la misma necesidad te va empujando a traicionar esos ideales que te definían y como decía Maquiavelo «El hombre es malo por naturaleza«.
También hay una situación que me puso en qué pensar: «La solidaridad y los cambios espontáneos que no existen». Es curioso porque ahora lo estamos viviendo, y no es que antes no se haya vivido, lo que pasa es que ahora nos está afectando. En la película enviaban comida para los prisioneros que estaban distribuidos en una cantidad de pisos, lo que significa que, si en lugar de haber comido como que no existiera un mañana, la comida perfectamente hubiese alcanzado para todos. Pero ahí está el problema, nadie quería sacrificarse. Los que cómodamente estaban en el piso 1 no les importaba si los del piso X comían, ellos querían acaparar cuánto pudieran ¿Les parece familiar esa situación? Cuando se han presentado desastres naturales o pandemias como ahora es el caso, a las personas no les importa si las otras familias van a tener para comer o si van a lograr comprar algo en el supermercado, porque ellos solo están pensando en ellos. Porque pueden y porque tienen.

Por esa razón, mientras no exista una «advertencia» seguirán actuando así y es ahí donde «la solidaridad y los cambios espontáneos no existen«. Hay cambios hasta que alguien se levanta y dice «basta», en nuestro contexto actual, el Gobierno tuvo que decir «Se van a prohibir las compras excesivas de artículos de primera necesidad» porque las personas por cuenta propia no lo iban a hacer, alguien tuvo que ponerles un «Stop». En la película «El Hoyo» el stop lo puso uno de los personajes al amenazarlos, si no hacían lo que se les indicaba habrían consecuencias ¿fue directo? tenía que serlo, los humanos en situaciones límite no actúan por solidaridad sino por supervivencia.
A los de «arriba»y a los del «centro» nos hace falta tocar fondo. Hasta que no vivamos lo que viven los de «abajo» y con ello me refiero a solidarizarnos (y me incluyo), esta situación nunca acabará. Pero tampoco voy a generalizar porque creo que hay un porcentaje de personas que son bondadosas. Sin embargo, en nuestra realidad allá afuera hay miles de niños esperando una panna cotta y esa panna cotta llegará solo si nos animamos a bajar de «nivel» para que ellos representen el verdadero mensaje de solidaridad y entonces exista un cambio.
Finalizo este post citando dos frases. La primera no tiene que ver con la película pero creo que encaja bien, y la segunda tiene que ver con el libro que se menciona en la película.
Sacrificio habla de amor.
Juan Diego Luna, Corazón de Luna
Al poseedor de las riquezas no le hace dichoso el tenerlas, sino el gastarlas, y no es el gastarlas como quiera, sino el saberlas bien gastar.
Don Quijote en Don Quijote de la Mancha / Miguel de Cervantes
Hasta pronto, bye!